viernes, 3 de mayo de 2013

Finaliza octavo ciclo en la mesa de diálogos en La Habana, Cuba



Los comandantes guerrilleros de la Delegación de las FARC en La Habana; Jesús Santrich,
Iván 
Márquez, Ricardo Téllez y Andrés París.




COMUNICADO:


La Habana, Cuba, sede de los diálogos de paz. Mayo 3 de 2013

Abril fue el mes en que, más allá del receso que se dieron las partes para buscar fórmulas dinamizadoras del proceso y analizar propuestas en beneficio de las mayorías sumidas en la miseria, se produjeron hechos de mucha trascendencia como la Marcha por la Paz del 9 de abril, y el Foro sobre Participación Política, que le han entregado respaldo masivo e insumos al proceso de diálogo, que busca una solución política al largo conflicto social y armado que estremece a Colombia.

La marcha del 9 abril fue un grito multitudinario de la patria por la paz, que puso en su sitio a la derecha guerrerista insensata que le mete leña a la hoguera de la guerra, pero que no manda a sus hijos a morir en la confrontación.

Quiere decir que el clamor y la oración por la paz de Jorge Eliécer Gaitán, sesenta años después, sigue tremolando en el corazón de los colombianos. Ya es hora de que las aguas agitadas por el asesinato del tribuno, por la violencia política y la exclusión que desbordaron las oligarquías, regresen a su nivel normal.

En el Foro de finales de abril las fuerzas participantes indicaron, que un problema fundamental a resolver para desbrozar el camino hacia la paz, es la necesidad urgente de establecer una verdadera democracia para Colombia.

Más que para la guerrilla inmersa en un proceso de paz, lo que demandamos del Estado es participación política para la ciudadanía, democracia plena, hacer realidad la convicción del Libertador Simón Bolívar, de que la soberanía del pueblo es la única autoridad legítima de las naciones.

Que la gente hable de la arquitectura del Nuevo Estado para un escenario de paz, del cambio de las políticas económicas que durante décadas han victimizado a los colombianos, del sentimiento de soberanía patria, de una nueva doctrina militar alejada de la Doctrina de la Seguridad Nacional que engañó por tantos años a los militares haciéndoles volver sus fusiles contra un “enemigo interno” que era su propio pueblo.

Un gobierno democrático no persigue ni reprime la opción política. Educa a los ciudadanos y a los militares en la cultura de la tolerancia. No permite el asesinato de quienes reclaman sus tierras violentamente despojadas. Contiene la mano criminal que ha empezado a exterminar a dirigentes de la naciente Marcha Patriótica, y proscribe a perpetuidad conductas degradantes como los “falsos positivos” y el desplazamiento forzoso de la población campesina.

“Pidan perdón”, es el coro orquestado de los medios masivos de comunicación a quienes legítimamente se alzaron en armas contra la violencia institucional. Es el cálculo de la perfidia para ocultar a los verdaderos victimarios. Perdón debe implorar un Estado que ha suprimido tantos seres humanos de manera desalmada con su política económica. Por el hambre y analfabetismo, por la concentración violenta de la tierra, por la guerra que ha impuesto para defender mezquinos intereses, por la entrega de la soberanía, por el desplazamiento forzoso, por las masacres que enlutaron hogares humildes, por los desaparecidos, por los perseguidos y encarcelados, por los niños que mueren de hambre, por las mujeres y hombres que sienten sobre sus espaldas el chasquido del látigo de la miseria…

En cuanto a la guerrilla de las FARC, de la mano del pueblo, hemos dicho que cualquier error que se hubiese cometido en desarrollo del conflicto y de la resistencia armada a que nos ha obligado el terror de las élites en el poder, estamos dispuestos a revisarlo en función de la reconciliación. Pero ninguna autoridad moral, tienen los victimarios y sus tribunales para juzgarnos. Coloquemos en manos de la Asamblea Nacional Constituyente, del pueblo que es el soberano, las decisiones fundamentales que deben formar el tratado de paz que necesita Colombia. Que ella emita su sabia sentencia, entre otros, sobre la conducta de los contendientes, y sane las heridas de la patria y establezca la reconciliación perpetua sobre bases de equidad, democracia, libertad, dignidad y soberanía.

Ningún aporte hacen a la paz, mentiras como las lanzadas en el departamento de Sucre por el ministro de agricultura Juan Camilo Restrepo y otros altos funcionarios públicos. Se repite la escena engañosa del gobierno en San Vicente del Caguán endilgando a las FARC el despojo de tierras a los campesinos. Ni un solo centímetro de los Montes de María y las sabanas de Sucre y de Bolívar ha sido ni es propiedad de las FARC-EP que ha combatido hasta las últimas consecuencias por los intereses de las pobrerías perseguidas por el terror del Estado y de unos gamonales, que aliados con el paramilitarismo y la Infantería de Marina sembraron de fosas comunes ese martirizado escenario de ordeñadores y jornaleros, de piguas y labriegos, que por décadas han vivido en condiciones de feudalismo.

Es el despojo a sangre y fuego protagonizado por siniestros personajes, como

Álvaro “El Gordo” García, lo que han sufrido los campesinos de Sucre. No son las FARC las que han quitado la tierra; pues la historia de terror de saqueo y muerte en esa región, tiene como protagonistas a encopetados truhanes como Miguel Angel Nule Amín, el ex gobernador uribista Salvador Arana, los Guerra Tulena y De La Espriella, o los Visbal Martelo, entre tantos otros criminales que con su credencial de políticos y ganaderos, se aliaron con el sanguinario paramilitar Rodrigo Cadena para perpetrar las más terribles matanzas.

Nadie puede olvidar que el accionar de las FARC en defensa de los campesinos, se hizo contra los que ejecutaron masacres como las de El Salado, Macayepo, Pichilín y Chengue.

¿Por qué el ministro de agricultura, en vez de lanzar mentiras que encubren la impunidad, no le recuerda al país que elementos como el comandante de la Primera Brigada de la Armada Nacional, contralmirante Rodrigo Quiñones, son responsables directos de la tragedia y el luto del pueblo sucreño al actuar en complicidad con bandas paramilitares y políticos asesinos?

Señor Ministro, no sea cómplice de tanta atrocidad. Usted sabe bien que los Montes de María y la sabana aledaña, están infestadas de testaferros de estos asesinos, que cínicamente fungen como “tenedores de buena fe” de unas tierras –el ministerio lo sabe- que fueron arrebatadas a campesinos humildes.

El pueblo colombiano movilizado hoy por la paz no debe tolerar este tipo de procedimientos que no hacen más que sabotear los esfuerzos de reconciliación y los avances ostensibles en la construcción del acuerdo, que hoy puede presentar la Mesa de La Habana.

Nos corresponde a todos defender, con cuerpo y alma, la solución política del conflicto social y armado. Aquí están las FARC llenas de optimismo y determinación, con un equipo reforzado con nuevos cuadros, entre los que se encuentra otro integrante del Secretariado, el comandante Pablo Catatumbo, aportando creatividad al propósito de la paz.

Delegación de Paz de las FARC-EP 

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